El préstamo de estupefacientes
El silencio de los Nule
María Jimena Duzán. Columnista de EL TIEMPO.
Varios interrogantes han quedado sin respuesta desde que la Unidad Investigativa de EL TIEMPO reveló que Estupefacientes había desembolsado un préstamo de 25.980 millones de pesos, a través de una fiducia, al grupo Nule para financiar una concesión vial.
El primero de ellos tiene que ver con un problema estético. No tiene mayor presentación que el dinero de las caletas de la droga incautadas por el Estado resulte de buenas a primeras siendo utilizado para financiar concesiones viales de contratistas privados afectos al Gobierno, como el grupo Nule. Hasta el jueves pasado, cuando EL TIEMPO reveló semejante noticia, los colombianos pensábamos que las caletas de 'Chupeta', por hablar solo de uno de los últimos dineros incautados, el Estado las invertía en títulos oficiales TES para que luego fueran utilizados en la construcción de cárceles, en programas de construcción de vivienda social, qué sé yo. Pero lo que sí desafía nuestra imaginación es que estos dineros pudieran servir para financiar las chequeras de los nuevos cacaos. Pregunta: ¿quién autorizó esa operación? ¿Acaso sabía de ella el Ministro del Interior o el Secretario Jurídico de la Presidencia?
El segundo interrogante tiene que ver con una inquietud. ¿Sabían los demás contratistas del Estado que la Dirección de Estupefacientes hacía este tipo de préstamos? Lo pregunto porque, luego de hablar del tema con un par de contratistas, ninguno de ellos estaba al tanto de la existencia de esa fiducia. ¿Cómo fue que supieron de ella los Nule? Si salieran de su silencio -desde que estalló el escándalo se enmudecieron-, habría que preguntarles quién o quiénes fueron los que les informaron de la posibilidad de ese préstamo. ¿Quién fue? ¿Hubo una circular que les informó a todos los interesados de la existencia de esa fiducia o fue acaso una información privilegiada que solo conocieron los Nule?
Todo lo cual me lleva al tercer interrogante: si, en efecto, estamos hablando de uno de los grupos económicos más importantes del país, dueños de una chequera poderosa -según Semana (09-23-06) facturan más de 200 millones de dólares anuales-, ¿por qué entonces no fueron a un banco privado a que les prestaran la plata, como hacen todos los empresarios importantes y prósperos de este país?
Lo peor de todo es que ninguno de estos interrogantes queda asbuelto con la reacción del presidente Uribe, quien les pidió a los Nule devolver el polémico préstamo. Comenzando porque la manera contradictoria con que sustenta la devolución no ayuda. De un lado dice que el dinero fue colocado de manera legal, pero del otro advierte que, con lo sucedido, se está dando un mal ejemplo. Por esta vía, los Nule van a terminar demandando al Estado colombiano -recorriendo los pasos de Commsa- arguyendo que los obligaron a devolver un préstamo legal. Probablemente ganarán el pleito y nosotros terminaremos pagándoles de nuestros bolsillos, sin que la carretera haya sido terminada. Pónganle la firma.
El grupo Nule es poseedor de un poder político de gran peso en este gobierno. Se sabe que uno de sus alfiles es Joselito Guerra, condenado por el ocho mil y amigo personal del Presidente, además del muy seguro alcalde de Barranquilla, Alejandro Char. Pero la demostración máxima de su poder ha quedado evidenciada en el hecho de que las investigaciones abiertas en la Fiscalía por paramilitarismo contra familiares relacionados con este grupo, como es el caso de Miguel Nule Amín, andan materialmente estancadas, como recordó ayer EL TIEMPO.
Vaya uno a saber por qué los Nule siguen sin dar la cara. Las malas lenguas aseguran que no hablan porque probablemente este asunto del préstamo es tal vez lo menos grave que le ha sucedido a esa concesión, de la cual ellos son socios. Esta es la misma operación que, a los tres meses de haber sido ganada, sufrió inexplicablemente una ampliación del contrato, y de 750 mil millones de pesos que costaba se lo aumentaron a dos billones, sin que los medios hubieran prendido sus alarmas. Así, cualquiera se queda callado.
María Jimena Duzán
María Jimena Duzán. Columnista de EL TIEMPO.
Varios interrogantes han quedado sin respuesta desde que la Unidad Investigativa de EL TIEMPO reveló que Estupefacientes había desembolsado un préstamo de 25.980 millones de pesos, a través de una fiducia, al grupo Nule para financiar una concesión vial.
El primero de ellos tiene que ver con un problema estético. No tiene mayor presentación que el dinero de las caletas de la droga incautadas por el Estado resulte de buenas a primeras siendo utilizado para financiar concesiones viales de contratistas privados afectos al Gobierno, como el grupo Nule. Hasta el jueves pasado, cuando EL TIEMPO reveló semejante noticia, los colombianos pensábamos que las caletas de 'Chupeta', por hablar solo de uno de los últimos dineros incautados, el Estado las invertía en títulos oficiales TES para que luego fueran utilizados en la construcción de cárceles, en programas de construcción de vivienda social, qué sé yo. Pero lo que sí desafía nuestra imaginación es que estos dineros pudieran servir para financiar las chequeras de los nuevos cacaos. Pregunta: ¿quién autorizó esa operación? ¿Acaso sabía de ella el Ministro del Interior o el Secretario Jurídico de la Presidencia?
El segundo interrogante tiene que ver con una inquietud. ¿Sabían los demás contratistas del Estado que la Dirección de Estupefacientes hacía este tipo de préstamos? Lo pregunto porque, luego de hablar del tema con un par de contratistas, ninguno de ellos estaba al tanto de la existencia de esa fiducia. ¿Cómo fue que supieron de ella los Nule? Si salieran de su silencio -desde que estalló el escándalo se enmudecieron-, habría que preguntarles quién o quiénes fueron los que les informaron de la posibilidad de ese préstamo. ¿Quién fue? ¿Hubo una circular que les informó a todos los interesados de la existencia de esa fiducia o fue acaso una información privilegiada que solo conocieron los Nule?
Todo lo cual me lleva al tercer interrogante: si, en efecto, estamos hablando de uno de los grupos económicos más importantes del país, dueños de una chequera poderosa -según Semana (09-23-06) facturan más de 200 millones de dólares anuales-, ¿por qué entonces no fueron a un banco privado a que les prestaran la plata, como hacen todos los empresarios importantes y prósperos de este país?
Lo peor de todo es que ninguno de estos interrogantes queda asbuelto con la reacción del presidente Uribe, quien les pidió a los Nule devolver el polémico préstamo. Comenzando porque la manera contradictoria con que sustenta la devolución no ayuda. De un lado dice que el dinero fue colocado de manera legal, pero del otro advierte que, con lo sucedido, se está dando un mal ejemplo. Por esta vía, los Nule van a terminar demandando al Estado colombiano -recorriendo los pasos de Commsa- arguyendo que los obligaron a devolver un préstamo legal. Probablemente ganarán el pleito y nosotros terminaremos pagándoles de nuestros bolsillos, sin que la carretera haya sido terminada. Pónganle la firma.
El grupo Nule es poseedor de un poder político de gran peso en este gobierno. Se sabe que uno de sus alfiles es Joselito Guerra, condenado por el ocho mil y amigo personal del Presidente, además del muy seguro alcalde de Barranquilla, Alejandro Char. Pero la demostración máxima de su poder ha quedado evidenciada en el hecho de que las investigaciones abiertas en la Fiscalía por paramilitarismo contra familiares relacionados con este grupo, como es el caso de Miguel Nule Amín, andan materialmente estancadas, como recordó ayer EL TIEMPO.
Vaya uno a saber por qué los Nule siguen sin dar la cara. Las malas lenguas aseguran que no hablan porque probablemente este asunto del préstamo es tal vez lo menos grave que le ha sucedido a esa concesión, de la cual ellos son socios. Esta es la misma operación que, a los tres meses de haber sido ganada, sufrió inexplicablemente una ampliación del contrato, y de 750 mil millones de pesos que costaba se lo aumentaron a dos billones, sin que los medios hubieran prendido sus alarmas. Así, cualquiera se queda callado.
María Jimena Duzán


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